Acné: Así ha evolucionado cómo lo tratamos a lo largo de 100 años

By 25 septiembre, 2018Blog, Ritual CG

Así ha evolucionado el Acné  y su tratamiento) a lo largo de la historia.

El origen de la palabra acné, se remonta a la Grecia Clásica. Aunque no se puede rastrear su origen exacto – sabemos que acme (afección) puede tener algo que ver con la raíz de la palabra- una cosa queda clara: esta afección dermatológica estaba presente en sociedades como la del Médico Hipócrates. En 2018 sigue siendo una preocupación para muchas personas – adolescentes o no- a lo largo y ancho del globo. Pero no siempre lo hemos tratado de la misma manera, ni ha significado lo mismo en la sociedad donde se daba. Su evolución en los últimos 100 años lo demuestra:

AÑOS 20: Cryoslush o Crioterapia con Nitrógeno Líquido

Se popularizó en Europa en la década inicial del siglo veinte. El tratamiento, consistía en aplicar en las zonas afectadas por la dolencia una compresa estéril  con nitrógeno líquido criogenizado a (-196º)  para, de esta manera ‘congelar’ los granos. Más concretamente lo que hacía era provocar una lesión por frío. Hoy, es un tratamiento que sigue empleándose, aunque más para el tratamiento de las cicatrices o las verrugas que para curar el acné. Algunas de as lesiones posteriores puede llegar a ocasionar el tratamiento son: inflamación, ampollas, edemas.

AÑOS 30:  Cremas con perióxido de bonzoílo y Levadura.

El perióxido de benzoílo es un compuesto muy utilizado en formulaciones tópicas que buscan neutralizar las bacterias del acné. Su irrupción en el mercado, en la década de los años treinta, coincidió con la popularización de un curioso remedio contra los granitos: beber levadura para acabar con el acné. Las de Fleischmann supusieron un ‘hito’ en UK y al parecer se vendían como un remedio de dentro a fuera, basándose un poco en el mecanismo de actuación de la nutricosmética.

AÑOS 40: Lámparas de Rayos UVA.

Aunque no aparecieron para tratar el acné, pues su función era la de estimular el bronceado de la piel gracias a la exposición a radiación. Empezó a extenderse la idea, de que estas ‘lámparas mágicas´ evitaban o minimizaban el acné. Así que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, hasta la década de los sesenta los Rayos UVA parecían la respuesta acertada al problema de los granitos. Pero más tarde, empezaron a aparecer las primeras vinculaciones entre cáncer de piel  raciación UV. El auge de las ‘lámparas mágicas’ para evitar el acné había llegado a su fin. Y hoy ni dermatólogos ni profesionales de la piel, aconsenjan la exposición a este tratamiento.

AÑOS 50: Antibióticos.

Además del Rock N’ Roll, los cincuenta fueron escenario de un gran ‘cambio de enfoque’ en el tratamiento de pieles con acné. Fue la década en la que se empezaron a recetar antibióticos para neutralizar el famoso P. Acnes ( Propionibacterium acnes), una bacteria presente en la piel considerada un agente secundario de las infecciones dérmicas. Pero, como todos los antibióticos, su uso prolongado provocaba resistencia a la bacteria sin solucionar el problema de acné.

AÑOS 60: Llega el Vapor.

El uso de vapor para tratar el acné llegó para quedarse ya en la década de los sesenta. E mercado se inundó de dispositivos que conseguían verdaderos ‘baños de vapor’ en la comodidad de casa, aunque además de estos gadgets se popularizaron prácticas como el uso de un barreño con agua caliente y una toalla. Lo que queda claro, es que – dada su importancia en el proceso de drenaje de los poros- la exposición a vapor para reblandecer la materia que obstruye el poro y motiva el acné, es ya un clásico imbatible, y eso incluye mi cabina y método de trabajo.

AÑOS 70: Vitamina A

Las cremas con Retinol fueron el tratamiento de cabecera de los setenta para adolescentes con acné puntual. En su momento supusieron un ‘hito’ por su efectividad. Pero, este activo cosmético- que no es otra cosa que Vitamina A- a pesar de ser un buen aliado contra los puntos negros, estos productos causaban sequedad, deshidratación y sensibilidad en la piel.

AÑOS 80: Accutane

También conocido como Roacutan este fármaco a base de isotretinoína fue aprobado por la FDA en 1982. Aunque más tarde, el mismo organismo suspendió su uso en EE.UU. Aglutinaba una  larga lista de efectos secundarios entre los que destaca la sequedad extrema de la piel y los problemas intestinales. pero además se relacionó el fármaco con un mayo riesgo de padecer  un aborto espontáneo y cierta tendencia a los pensamientos suicidas. Además de ser muy peligroso en caso de que una mujer se quedase embaraza, puesto que generaba malformaciones en el feto. Aunque en Estados Unidos está prohibido, otros fármacos con isotretinoína se venden en muchas partes del mundo y a día de hoy son la primera opción de muchas personas a la hora de tratar con el acné.

AÑOS 90: Los parches, las tiras y otras mil opciones inundan el mercado.

El negoció de las soluciones anti-acné creció mucho en los años noventa: de las clásicas tiras que prometían ‘arrancar’ los puntos negros, a una gama  muy nutrida de productos para la limpieza en casa. Noxzema o Clinique se convirtieron rápido en firmas de cabecera para la preocupación adolescente de cabecera.

AÑOS 00’S: Las facialistas salen a escena.

Con el cambio de siglo, la solución al acné se traslado a las cabinas más exigentes. Las  celebrities empezaron a mencionar nombres de facialistas expertas, en lugar de aplaudir únicamente sus ritulaes en casa. Las extracciones en cabina – aunque ya se hacían desde hacía décadas- empezaron a ser una opción más que recomendable para lidiar con los granitos y los brotes, por ser la alternativa más sostenible y natural para acabar con el problema.

AÑOS 10’s: El retorno de las Oxigenaciones y el movimiento #SkinPositive.

Sufrieron el ‘desprestigio’ de ciertas tendencias beauty que prometían lidiar con el acné y sus secuelas sin la necesidad de drenar los poros. Pero hoy, las oxigenaciones faciales realizadas de forma artesanal  (con extracción y vapor incluidas), son una tendencia indiscutible y el secreto de muchas pieles que buscan salud por encima de modas relámpago; y más importante sin agredir el órgano más extenso del cuerpo. Visto con perspectiva, es curioso que algo que llevo haciendo 30 años, sea hoy una tendencia, una muy relacionada además con movimientos como el Skin Positive – con embajadoras de la talla de Kendall Jener- que persigue tomarse el problema del acné con filosofía, tratnándolo de forma sostenible y buscando recetas a esta afección – cada vez más extendida entre la población adulta, dicho sea de paso- que devuelvan al rostro su salud de manera respetuosa, sin prisas pero sin pausa.

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